
La campaña se articula en torno a tres ejes temáticos:
● Experiencias de personas LGBTIQ+ en Guatemala:
○ Conocer y visibilizar las vivencias cotidianas de la población LGBTIQ+ en Guatemala es fundamental porque esas historias revelan las barreras reales —sociales, culturales y estructurales— que enfrentan día a día. Al centrar la campaña en experiencias de la periferia, se humaniza la discusión y se desmontan estereotipos: no se trata solo de cifras, sino de vidas que demandan reconocimiento, respeto y justicia. Además, estas experiencias son la materia prima para construir narrativas auténticas que promuevan empatía, solidaridad y movilización comunitaria.
● Datos Abiertos para personas LGBTIQ+ en Guatemala:
○ Los Datos Abiertos se convierten en el megáfono que amplifica las realidades de las disidencias sexuales en Escuintla y la costa sur. Al compartir datos y realidades, la comunidad pasa de ser objeto de estadísticas genéricas a autora de
sus propias vivencias. Este eje enfoca a las personas LGBTIQ+ hacia la capacidad de transformar cada dato en un argumento de lucha: cada número evidencia una injusticia, revela una omisión estatal y valida una demanda de dignidad. Pero
también visibiliza historias de éxito: iniciativas que han mejorado el acceso a la salud, proyectos comunitarios que han reducido la violencia y personas que, gracias a la información pública, han logrado incidencia política y social. Así, “abrir
los datos” comunica un acto de resiliencia política que fortalece nuestra voz colectiva en el corazón de la marcha, celebrando los espacios públicos recuperados y abriendo brechas para ocupar otros espacios que nos pertenecen.
● Derechos Humanos de las personas LGBTIQ+ en Guatemala:
○ Los Derechos Humanos establecen el marco legal y ético que garantiza a todas las personas—sin importar su orientación o identidad—vivir con dignidad, libres de violencia y discriminación. Incluir este eje en la campaña es recordar que la
exigencia de derechos no es un favor, sino una obligación del Estado y de la sociedad. Al vincularlo con las experiencias reales y los datos abiertos, se genera un discurso sólido: las historias adquieren respaldo estadístico, y las cifras
encuentran sustento en las normas internacionales y nacionales de derechos humanos.